En un español ininteligible, a medida que se sentaba frente a la mesa de fino roble, le decía:
- Revolución es Lenin, es Marx, Somos nosotros el sueño de los trabajadores: así fue y lo será en tanto estemos aquí.
Asentía él, mientras dejaba que el cálido refulgor del vodka quemara su garganta. Sólo se limitaba a asentir, sabía muy bien que es lo que hacía y qué pensamientos lo guiaban. Sabía que la letra y su acomodamiento a ella: a los libros de origen era la única manera de lograr un cambio. ¿Lo sabía?
- Y sabemos, como predijo el camarada Lenin, que la única vía de lograr un cambio en Latinoamérica es desde los Estados Unidos. El resto de los países no tiene el poder ni la capacidad para sobreponerse. ¿Cuba?, tiene los días contados, lo sabemos, los americanos nos lo dijeron.
Sabía que las balas iban a cubrir a esos 20 en la selva. Sabía que no podría volver a su tierra, ni a ejercer su cargo de secretario en el PC. Sabía que hoy hacía frío, nevaba copiosamente a través de la ventana. Sabía, mirando fijamente a la botella que deglutía Vodka. Sabía que estaba haciendo lo correcto para la internacional. ¿Había algo correcto?
- Si triunfaba, sí, nos veríamos incomodados por su figura y deberíamos ayudar. Sin embargo siempre lo supimos, la tarea de él estaba destinada al fracaso.
¿Había algo correcto? ¿HABÍA ALGO CORRECTO? Yo hago lo correcto (mentira) Sí (nervioso) lo correcto (mentiras) (Desespera con el semblante deformado, los ojos desorbitados, y un vómito próximo sobre el recuerdo de ese mismo minero que fue empalado como ejemplo ).
- Escúcheme, ¡despierte!, despierte. ¿Qué es lo que le sucede?
- Yo… yo, no, no…
- Usted es un buen militante, hijo mio. Usted respeta nuestro mandato, cuida nuestros intereses.
- Yo.., si, es lo único que siempre quise.
- No hable más, ahora descanse: usted hizo lo que debía, leernos bien. Leernos de la única manera que se puede.
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Primero en un pie, luego el arma partida al medio. El uniforme, verde, gotea rojo profundo mezclándose con la tierra. No camina, apoyado en el tronco de un árbol espera su presente, lo paladea con ojos de infinito.
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El 8 de octubre es Capturado Ernesto Guevara en las inmediaciones de la quebrada del Yuro. Un día después es fusilado. Ese “aventurero”, que condenaba el PC argentino, fue el mismo que entregó el PC boliviano a manos del Kremlin Ruso. Y al fin, aquí, hoy, más allá de habernos dejado la memoria latente de su ejemplo, también nos legó la aseveración que las revoluciones [los cambios y transformaciones radicales] -por las que él vivió y murió- dependen sólo de nuestras manos.
